había sido escrita cincuenta y ocho años atrás.
Nadie había regresado.
Esa noche apenas pudo dormir.
Cada vez que cerraba los ojos veía el oro escondido bajo la pared.
Podía marcharse con todo.
Nadie parecía saber que existía.
Pero también podía pertenecer a otra familia.
Al amanecer tomó una decisión.
Fue al ayuntamiento.
Mostró la carta.
El funcionario la observó sorprendido.
—Ha hecho bien en venir.
Durante varias semanas las autoridades investigaron registros antiguos, archivos notariales y documentos históricos.
Buscaron posibles herederos.
No encontraron a ninguno.
La familia Morales había desaparecido décadas atrás.
No existían descendientes legalmente identificables.
Finalmente un juez autorizó que el hallazgo pasara a ser propiedad de Ana conforme a la legislación vigente sobre bienes abandonados y sin reclamantes.
Cuando recibió la resolución, rompió a llorar.
No porque fuera rica.
Sino porque, por primera vez desde la muerte de su esposo, sentía que el futuro volvía a