—El despacho es tu responsabilidad. Empecemos por tu habitación.
Frente a Rodrigo, Teresa y Camila, Adriana vació cajones, abrió el clóset y levantó el colchón.
Finalmente se agachó junto a una esquina de la alfombra.
Debajo apareció el dinero.
Y junto al dinero, el anillo.
Valeria sintió que se le doblaban las piernas.
—Yo no puse eso ahí.
Adriana sonrió.
—Claro que no.
Rodrigo la miró con una decepción helada.
—Recoge tus cosas. Hoy mismo te vas.
Camila apretó con fuerza la mano de Valeria.
Su rostro se puso rojo. Le temblaban los labios.
Adriana señaló la puerta.
—Tienes dos horas.
Y entonces, en medio de aquel silencio, ocurrió algo que ninguno de ellos había escuchado en casi cuatro años.
—No.
Todos voltearon hacia Camila.
La niña acababa de hablar.
PARTE 3
Durante unos segundos nadie se movió.
Rodrigo seguía frente a su hija, como si temiera romper aquel instante.
—Camila… ¿qué dijiste?
La niña tragó saliva. Sus ojos estaban llenos de lágrimas, pero volvió a hablar.
—Valeria no robó nada.
Teresa se llevó una mano a la boca.