—Nos dijeron que tenían permiso. Yo no quiero comenzar nuestro matrimonio aprovechándome de algo que no nos pertenece.
Valeria asintió, avergonzada.
Después sacó otra hoja de la carpeta.
Era una transferencia bancaria de hacía dieciocho años.
El dinero de mi madre había sido enviado a una empresa constructora propiedad de Ernesto.
Unos días después, esa misma empresa había realizado el anticipo para comprar una casa.
La casa donde crecieron Valeria y Mónica.
Me quedé mirando el documento.
Mientras yo dormía en una habitación prestada de mi tía, mi padre había utilizado mi futuro para comprarle una casa a su nueva familia.
Pero todavía faltaba algo.
Valeria me mostró un contrato que Ernesto había entregado a los organizadores de la boda.
En él aparecía una supuesta autorización del propietario para utilizar el terreno.
Al final estaba mi nombre.
Y una firma que pretendía ser la mía.
—Samuel, ¿tú firmaste esto? —preguntó Iván.
—Jamás.
Valeria palideció.
—Entonces papá falsificó tu firma.
Le dije que aquello debía revisarlo una abogada y que no iba a permitir que siguieran construyendo.
Fue entonces cuando sonó mi celular.
En la pantalla apareció un número desconocido.
Contesté.
—Soy tu padre —escuché.
Dieciocho años de silencio terminaron con una amenaza.
—Me dijeron que andas metiendo tus narices en mis asuntos. Si perjudicas la boda de Valeria, te vas a arrepentir.
—Estás construyendo en mi propiedad, Ernesto.
—¡No me hables como si fueras un desconocido! ¡Soy tu padre!
—Un padre no abandona a su hijo a los trece años.
Hubo unos segundos de silencio.
Después soltó una carcajada seca.
—Sigues siendo igual de ingenuo. ¿De verdad crees que yo hice todo aquello solo?
Sentí un escalofrío.
—¿De qué estás hablando?
Su respuesta me dejó sin respiración.
—Pregúntale a tu tío Joaquín qué documentos firmó el día que te dejé en aquella carretera. Él sabe perfectamente por qué tenías que desaparecer.
La llamada terminó.
Miré a Valeria.
De pronto entendí que mi abandono no había sido solamente un acto de crueldad.
Había sido parte de algo que dos adultos prepararon con anticipación.
Y uno de ellos había permanecido a mi lado mientras mi padre quemaba mis recuerdos.
PARTE 3
Aquella noche no pude dormir.