Durante medio año alimenté a toda la familia de mi esposo, pero mi cuñada todavía criticaba cada plato. Así que durante tres días solo les serví camotes. “Si no les gusta, pueden comer en su casa”, respondí tranquilamente. Mi suegra exigió el divorcio y mi marido guardó silencio. Pero cuando revisé nuestros ahorros de 850,000 pesos, entendí que los camotes eran el menor de mis problemas.

Patricia abrió la boca para insultarme, pero en ese instante mi suegra señaló a Alejandro.

—¡Escoge de una vez! ¡O tu madre y tu hermana, o esa mujer!

Mi esposo se quedó mirando el suelo.

Y cuando finalmente levantó la cabeza, dijo algo que me hizo comprender que los seis meses de humillaciones apenas habían sido el principio.

—Mariana, hay una cosa sobre el dinero de la casa que todavía no te he contado…

PARTE 2

—¿Qué cosa sobre nuestro dinero? —pregunté.

Alejandro miró a su madre y luego a Patricia.

—No es momento de hablar de eso.

Mi cuñada intervino inmediatamente.

—¡Claro que no! Primero que tu esposa nos pida disculpas.

Pero yo ya no estaba dispuesta a seguir aquel juego.

Abrí el cajón del comedor y saqué una libreta azul.

Durante meses había anotado los gastos de nuestra casa porque trabajaba con números y sabía perfectamente cuánto ganábamos y cuánto gastábamos.

También había descubierto transferencias que Alejandro realizaba a escondidas.

—En enero le diste a Patricia veinte mil pesos —dije—. En febrero otros quince mil. En marzo pagaste la inscripción de Sofía en un colegio privado. Y el mes pasado le compraste un refrigerador nuevo.

Patricia dejó de sonreír.

—¡Es mi hermano! Puede ayudarme cuando quiera.

—Con su propio dinero, sí. Pero no mintiéndome para utilizar los ahorros que juntamos entre los dos.

Mi suegra golpeó la mesa.

—¡En esta familia siempre nos hemos ayudado!

—Entonces explíqueme por qué la única que ayuda soy yo.

Alejandro intentó tomarme de la mano.

—Mariana, podemos arreglarlo.

—Llevas medio año diciendo lo mismo.

Aquella noche su madre y su hermana se marcharon amenazando con no volver a hablarnos.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *