Renata llevaba un abrigo rosa. Alma eligió uno azul marino. Las dos parecían otras niñas.
Por unos minutos lo fueron.
Comieron churros. Se rieron frente a un árbol gigantesco. Renata me obligó a comprarle un globo y Alma fingió que ya era demasiado grande para querer uno, hasta que terminé comprándole otro.
Entonces recibí el aviso por el auricular.
—Localizamos a Verónica.
Tomé a Renata de la mano.
—Tenemos una sorpresa adentro.
Alma me miró.
Comprendió inmediatamente que mentía para no asustar a su hermana.
Entramos en el edificio cercano reservado para invitados.
Verónica consiguió atravesar una barrera antes de que seguridad la alcanzara.
Llevaba una botella con líquido inflamable.
No llegó a utilizarla.
Barrera y dos agentes la inmovilizaron mientras intentaba acercarse a nosotros.
Pero Alma alcanzó a verla detrás del cristal.
Se puso frente a Renata.
—¡Déjanos en paz! —gritó—. ¡Ellos son mi familia!
Verónica quedó detenida.
Esta vez no hubo entrevistas ni versiones manipuladas capaces de salvarla.
La fiscalía acumuló cargos relacionados con negligencia, fraude documental, maltrato y la negociación ilegal que involucraba a Renata.