Creí que permanecería callada.
Entonces levantó la vista.
—Quiero ir a casa con mi papá.
Firmé los documentos con las manos temblando.
Esa noche no organicé ninguna fiesta.
Mandé al personal a descansar.
Los tres cocinamos.
O lo intentamos.
Quemé el pollo.
Alma puso demasiada sal en las papas.
Renata dejó caer medio frasco de chocolate sobre la mesa.
Fue la mejor cena de mi vida.
Antes de dormir llevé a las niñas al estudio de Lucía.
Nunca habían entrado.
Alma reconoció inmediatamente sus retratos.
Renata tocó uno de los dibujos con la punta de los dedos.
—Mami Lucía nos encontró primero —dijo.
Me arrodillé entre ellas.