para tramitar un financiamiento respaldado con documentos falsificados sobre esa propiedad.
Mi padre dejó de respirar durante un segundo.
―No.
Valeria amplió la imagen.
Allí estaban sus nombres.
Sus datos.
Y firmas que parecían las suyas.
―Paola obtuvo aproximadamente 3.4 millones de pesos.
Mi madre se llevó ambas manos a la boca.
―¿Qué hiciste?
Paola comenzó a negar desesperadamente.
―Yo iba a devolverlo.
―¿Cuándo?
―Cuando consiguiera contratos.
―¿Y conseguiste alguno?
Silencio.
Valeria abrió el último documento.
Era un aviso relacionado con el incumplimiento del crédito y el inicio de acciones legales sobre la propiedad.
Mi padre leyó durante varios segundos.
Luego miró a Paola.
Su voz salió casi sin aire.
―¿Nuestra casa está en riesgo por tu culpa?
Mi hermana comenzó a llorar.
Pero lo que ocurrió después fue todavía peor.
Mi madre giró lentamente hacia mí.
Sus ojos pasaron de la pantalla a las paredes de mi casa