Justo cuando terminé de pagar la deuda de mi casa, mi madre llamó y me dijo que se la regalara a mi hermana como regalo por haber obtenido su doctorado. Mi padre añadió: —Siempre serás el mayor fracaso de esta familia. Cuando pregunté dónde viviríamos mi hija y yo, respondió: —Mañana a las 10 iremos para obligarte a firmar los papeles. Justo cuando estaba a punto de colgar, mi hija dijo: —Perfecto. Tengo una sorpresa para ellos.

cómo son.

―Sí entiendo.

Encendió su tableta.

Había una carpeta que nunca había visto.

PAOLA.

Dentro había capturas de pantalla, archivos PDF, fotografías, correos y hojas de cálculo.

Miré a mi hija.

―¿Qué es esto?

Valeria cerró la pantalla.

―Mi regalo de graduación para la tía.

―Valeria…

Ella sonrió.

―Mañana déjame hablar primero.

No dormí.

A las 9:57 de la mañana, una camioneta blanca se estacionó frente a mi casa.

Mi madre bajó primero.

Mi padre después.

Paola fue la última.

Traía lentes enormes, bolsa de diseñador y un abrigo demasiado elegante para aquella mañana.

Entraron sin esperar invitación.

Paola recorrió la sala con expresión de asco.

―Voy a tirar esta pared.

Señaló hacia la cocina.

―Y cambiaré el piso. Está horrible.

Mi madre sonrió.

―Claro, hija.

Mi padre dejó una carpeta sobre la mesa.

―Mariana. Firma.

Vi mi nombre impreso.

Era un convenio privado que pretendían usar como

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