Justo cuando terminé de pagar la deuda de mi casa, mi madre llamó y me dijo que se la regalara a mi hermana como regalo por haber obtenido su doctorado. Mi padre añadió: —Siempre serás el mayor fracaso de esta familia. Cuando pregunté dónde viviríamos mi hija y yo, respondió: —Mañana a las 10 iremos para obligarte a firmar los papeles. Justo cuando estaba a punto de colgar, mi hija dijo: —Perfecto. Tengo una sorpresa para ellos.

Sí.

―Soy tu padre.

―Y esta es mi propiedad.

Paola se levantó.

―¿En serio vas a echarnos después de todo lo que está pasando?

La miré.

―Tú llegaste hace media hora diciendo que convertirías mi recámara en vestidor.

―No sabía lo de mis papás.

―Tú provocaste lo de tus papás.

Mi madre señaló a Valeria.

―Todo esto es culpa de esa niña. Tú antes no eras así.

Mi hija ni siquiera reaccionó.

Yo sí.

Me coloqué delante de ella.

―No vuelvas a hablar de mi hija de esa manera.

Mi madre soltó una carcajada amarga.

―¿Ahora resulta que eres muy valiente?

―No.

Saqué el teléfono.

―Ahora resulta que estoy cansada.

Marqué.

Mi padre dio un paso hacia mí.

―Guarda ese teléfono.

No lo hice.

Solicité ayuda porque 3 personas se negaban a salir de mi domicilio y la discusión estaba escalando.

Cuando terminé, mi padre me observó incrédulo.

―¿Llamaste a

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