sí.
―Entonces explícame algo.
Me acerqué a la mesa.
Tomé el convenio que habían llevado.
―Si somos familia, ¿por qué llegaron con esto?
Nadie contestó.
―Vinieron a quitarme la casa que trabajé 10 años para pagar.
Mi padre chasqueó la lengua.
―No dramatices.
Lo miré.
Por primera vez en mi vida, no sentí miedo.
―Querían dejar sin casa a su hija y a su nieta.
―Paola tenía mejores oportunidades.
―Paola ni siquiera terminó la maestría.
Mi padre apretó la mandíbula.
―Nos engañó.
―Y ustedes me castigaron por cosas que ella ni siquiera había conseguido.
Mi madre endureció el rostro.
―No es momento de ajustar cuentas.
―Para mí sí.
Rompí el convenio por la mitad.
Después otra vez.
Y otra.
Dejé los pedazos sobre la mesa.
Mi madre abrió los ojos.
―¿Qué estás haciendo?
―Terminando esto.
―Mariana.
―Salgan de mi casa.
Mi padre se puso rojo.
―No vas a hablarnos así.
―