Apreté el teléfono.
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—Encontré una carpeta que dejó para mí. También encontré su tarjeta.
—Entonces ya viste los documentos.
—Vi las escrituras y los avalúos. Pero había una nota que decía que mi esposo preguntó por los terrenos hace ocho meses.
El abogado tardó un poco más en responder.
—Eso también es cierto.
Me senté.
No necesitaba una historia complicada.
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Necesitaba una sola respuesta.
—¿Mauricio habló con usted?
—Sí.
La palabra me cayó más fuerte que la cachetada de Valeria.
Durante meses yo había creído que Mauricio apenas toleraba que mencionara a mamá.
Se quejaba si iba a verla.
Se molestaba cuando recibía sus llamadas durante la cena.
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Decía que su departamento olía a comida vieja y que yo debía dejar de comportarme como si todavía viviera en Guadalupe.
Pero, a escondidas, había buscado información sobre algo que pertenecía a ella.
—¿Qué quería saber? —pregunté.