Caminé con ellos hasta la casa pegada a la nuestra.
Era parte de un pequeño dúplex.
Durante 3 años, Mauricio había creído que aquella propiedad permanecía vacía por un problema legal con el banco.
Las ventanas siempre estaban cerradas.
El jardín parecía abandonado.
Patricia incluso había colocado un letrero de PROPIEDAD PRIVADA para evitar que los vecinos entraran.
Caminé hacia esa puerta.
Mauricio salió detrás de nosotros.
—¿Adónde vas?
Puse el pulgar sobre la cerradura digital.
La luz cambió de rojo a verde.
La puerta se abrió.
Las lámparas interiores se encendieron.
La calefacción ya estaba funcionando.
Mauricio se quedó inmóvil.
—¿Cómo tienes acceso?