—Tenía copias incompletas.
Tomás bajó la mirada.
—Y también tenía miedo de destruir su matrimonio contando cómo Patricia había conseguido chantajearlo.
Sentí rabia.
Pero también entendí por qué mi padre había pasado sus últimos años reuniendo documentos.
No podía cambiar lo que había hecho.
Había intentado dejar suficientes pruebas para protegernos cuando él ya no estuviera.
Mi teléfono vibró.
Era Mauricio.
Había enviado una fotografía.
Estaba en una bodega industrial.
Sobre una mesa había un maletín negro.
“Encontré algo.”
Después otro mensaje.
“Ven sola si quieres saber qué pasó con Samuel.”
Tomás quiso detenerme.
No fui sola.
Dos elementos de seguridad contratados por él siguieron mi automóvil a distancia.
La dirección correspondía a una antigua bodega cerca del parque industrial Benito Juárez.
Mauricio estaba sentado dentro.
Parecía no haber dormido.