—Cuarenta y ocho millones.
El silencio fue absoluto.
Valeria se sentó.
No por miedo.
Por incredulidad.
—¿Cuarenta y ocho millones de qué?
—Pesos —respondió Mauricio.
—¿Y dónde están?
Renata bajó la mirada.
—Parte está en cuentas de transición.
—¿Y la otra parte?
Nadie contestó.
Valeria tomó su teléfono.
—Mariana.
Su abogada contestó inmediatamente.
—¿Estás bien?
—No.
Valeria miró a Mauricio.
—Pero ahora sé exactamente qué tenemos que hacer.
A las nueve de la mañana, el consejo extraordinario comenzó.
Diecisiete miembros.
Diecisiete rostros.
Y un silencio incómodo cuando Valeria entró a la sala.
Mauricio ya estaba sentado.
Renata estaba a su lado.
Pero ninguno esperaba que Valeria llevara consigo tres cajas de documentos.
Las dejó sobre la mesa.