—¿Hablaste con ella?
—Sí.
—No tenías derecho.
—Ella me escribió.
Se quedó inmóvil unos segundos.
—¿Qué te mandó?
—La solicitud de divorcio.
Su mandíbula se apretó.
—Eso no significa que el proceso estuviera terminado.
—Nunca dije que estuviera terminado. Dije que lo preparaste hace tres meses sin decírmelo.
—Iba a hablar contigo.
—¿Cuándo?
No respondió.
—¿Antes o después de mover los 190,000?
—Mariana…
—¿Antes o después de decirle a tus padres que yo estaba deprimida?
—Basta.
—¿Antes o después de prometerle a Daniela una vida contigo?