No intentó castigar a Abril mientras estaba hospitalizada.
No hizo movimientos para borrar sus propias decisiones de aquella madrugada.
Julián dejó de ser director de hecho en cuanto sus accesos fueron retirados y las personas responsables de las cuentas corporativas recibieron la instrucción de no aceptar operaciones firmadas por él.
Las tarjetas que Abril había usado durante años también quedaron bloqueadas porque pertenecían a la empresa.
Ese detalle provocó una conversación que Valeria no esperaba.
Dos días después, Abril pidió verla.
Tenía el rostro cansado y cada movimiento le costaba, pero estaba completamente consciente.
—Hay algo más —dijo.
Valeria se sentó frente a ella.
—Dímelo.
Abril evitó mirarla al principio.
—Yo sabía que Julián estaba haciendo trámites con tus datos.
Valeria no respondió.
—Me pidió documentos que estaban guardados en la oficina y le ayudé a conseguir copias —continuó Abril—. Dijoque eran para renovar cosas de la empresa.
—¿Sabías de la póliza?
—No al principio.
Valeria esperó.
Abril tragó saliva.
—Después vi la cantidad.
—Veinticinco millones.
—Sí.
—¿Y me dijiste algo?
Abril negó con la cabeza.