Abril empezó a llorar, pero no apartó los ojos de ella.
—Entonces sí fuiste tú.
—Fue hace muchos años.
—Era mi papá.
Julián avanzó hacia su madre.
—Ya no digas nada.
Graciela lo miró como si esperara protección.
Valeria entendió entonces por qué Julián no había corrido primero hacia su hermana.
No estaba enfrentando una escena desconocida.
Estaba viendo repetirse un método que, según Abril, había formado parte de la historia económica de su propia familia.
La diferencia era que esta vez la víctima equivocada seguía viva y podía hablar.
Cuando llegó la ayuda, Valeria explicó otra vez que los escalones estaban resbalosos y pidió que nadie limpiara la sustancia.
Abril fue atendida y trasladada para revisión, mientras Graciela intentaba acompañarla.
—No —dijo Abril.
Su madre se detuvo.
—Soy tu mamá.
Abril volvió la cara.
—Precisamente.
Julián quiso ir detrás de su hermana, pero Valeria lollamó antes de que saliera.
—La póliza.
Él se giró.
—¿Qué pasa con eso?
—Mandé la FOTO a mi abogada hace tres días.