Lucía no hablaba con él como si fuera un niño.
No fingía que todo estaba bien.
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Tampoco lo trataba como si su vida hubiera terminado.
—Tu tobillo izquierdo volvió a hincharse —dijo mientras revisaba su posición.
—Buenos días para ti también.
—Los buenos días no van a bajar la inflamación.
Por primera vez en esa mañana, Adrián sonrió.
Lucía trabajaba por 25 euros la hora. Necesitaba ese ingreso para ayudar a su madre y nunca escondía que las cuentas seguían existiendo aunque alguien estuviera agotado.
Mientras lo ayudaba a acomodarse, dejó de hablar durante unos segundos.
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Adrián lo notó.
—¿Qué pasa?
Lucía terminó de ajustar el cojín detrás de su espalda.
—Clara canceló la sesión de fisioterapia de esta tarde.
Adrián frunció el ceño.
—¿Por qué?