La cancelación de su rehabilitación no había nacido del cansancio de Clara después de meses de cuidados. No era una decisión tomada en un momento de desesperación. Al menos, la fecha decía algo mucho más difícil de aceptar.
Adrián había construido una carrera donde las decisiones rápidas eran parte de su rutina. Dirigía una empresa de logística marítima, participaba en proyectos inmobiliarios y estaba acostumbrado a revisar contratos, fechas y firmas antes de confiar en cualquier acuerdo.
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Sin embargo, en su propia casa había dejado que otra persona controlara una parte fundamental de su recuperación.
Clara seguía apareciendo como su prometida, la mujer que había permanecido a su lado después del accidente y que incluso organizaba los detalles de una boda que todavía faltaban cuatro meses para celebrar.
Esa mañana, antes de descubrir los documentos, Adrián solo había visto pequeños cambios.
Clara frente al espejo con un vestido verde oscuro, pendientes nuevos y el cabello perfectamente arreglado.