Para Daniel, tuvo más peso que todo lo ocurrido en el comedor.
Porque de pronto las espinas, la silla atravesada y el vaso tirado dejaron de parecer un episodio aislado.
Había algo anterior.
Algo que Valeria había estado ocultando.
Daniel puso su teléfono boca abajo.
No llamó a Teresa.
Tampoco llamó a Julián.
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No quiso tomar otra decisión sin escuchar primero a su esposa.
—No voy a hacer nada sin preguntarte. Dime qué necesitas.
Valeria tardó varios segundos en responder.
—Cambia las cerraduras.
Después le pidió que guardara las fotografías en otro lugar.
Y que no les dijera a Teresa ni a Julián cuándo le darían de alta.
Daniel entendió que aquella petición no era un capricho.
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Era una medida de seguridad.