Porque una familia puede presenciar una situación y quedarse paralizada.
Pero también puede tomar pequeñas decisiones que, juntas, dejan de ser pasividad.
Daniel estaba empezando a distinguirlas.
La primera decisión ya estaba tomada.
La casa tenía nuevas cerraduras.
La segunda tendría que esperar hasta que Valeria estuviera lista para contar el resto.
Y esta vez, nadie iba a decidir por ella cuándo debía hablar.