Una semana antes de la supuesta muerte de mi marido, había encontrado un sobre debajo de nuestra puerta.
Nunca supe quién lo dejó.
Dentro había una fotografía de nosotros dos.
Y detrás, una frase:
“Deja de hacer preguntas.”
Nunca se lo conté a nadie.
Ni siquiera a mi esposo.
—Andrés…
—¿Qué?
—Yo recibí una amenaza.
Él se quedó inmóvil.
—¿Cuándo?
Se lo expliqué.
Su expresión cambió.
—¿Por qué nunca dijiste nada?
—Porque pensé que era una broma.
Andrés cerró los ojos.
—Entonces ellos ya te habían encontrado.
—¿Quiénes?
Antes de que pudiera responder, escuchamos un automóvil detenerse cerca.
Andrés me tomó del brazo.
—Tenemos que seguir.
Pero yo me negué.
—No.
—¿Qué haces?