part 2 Los hijos que intentaron ocultarme

—¿Qué significa que uno de ellos no debía sobrevivir? —pregunté.

Cassandra miró a Luke y Violet.

—Significa que alguien decidió que tus hijos eran un problema que debía desaparecer.

Sentí que la sangre me abandonaba el rostro.

—¿Quién?

—No lo sé.

—Pero acabas de decir…

—Sé quién dio la orden. No sé quién la ejecutó.

—¿Mi padre?

Cassandra no respondió.

Eso fue suficiente.

Me puse de pie.

—Voy al muelle.

—No.

—Alguien me ha estado esperando durante tres años.

—Damon, es una trampa.

—Probablemente.

—Entonces no vayas.

La miré.

—¿Quieres que vuelva a hacer lo que hice hace tres años?

Ella se quedó callada.

—¿Que deje que otras personas decidan qué debo saber de mi propia familia?

Cassandra bajó la mirada.

—No.

—Entonces voy.

—No irás solo.

—El mensaje decía que fuera solo.

—Y yo ya cometí el error de obedecer a gente que decía saber qué era mejor para mis hijos.

Me tomó del brazo.

—Esta vez no.


A las 8:47 salimos del hotel.

Dejamos a Luke y Violet con la hermana de Cassandra.

Por primera vez desde que había descubierto que eran mis hijos, me costó separarme de ellos.

Luke me abrazó las piernas.

—¿Vas a volver?

Me arrodillé.

—Sí.

—¿Promesa?

Lo miré a los ojos.

—Promesa.

Violet apareció detrás de él.

—Trae chocolate.

Sonreí.

—Trato hecho.

Me levanté.

Cassandra me estaba esperando junto a la puerta.

—¿Listo?

—No.

—Yo tampoco.

—Entonces vamos.


El muelle 17 estaba casi vacío.

El aire de diciembre era helado.

Caminamos entre contenedores hasta encontrar un viejo almacén.

La puerta estaba abierta.

Dentro había una sola persona.

Evelyn.

Mi asistente ejecutiva.

La mujer que durante seis años había sido la persona en quien más confiaba.

—¿Tú? —pregunté.

Ella parecía diez años mayor que la noche anterior.

—Sabía que vendrías.

—¿Por qué me pediste que viniera?

—Porque ya no puedo seguir mintiendo.

Cassandra se colocó detrás de mí.

—¿Tú sabías de los niños?

Evelyn cerró los ojos.

—Sí.

Sentí una rabia tan intensa que casi no pude hablar.

—¿Desde cuándo?

—Desde antes de que nacieran.

—¿Quién te lo dijo?

—Tu padre.

—Mi padre está muerto.

Evelyn me miró.

—No.

El silencio fue absoluto.

—Está vivo.

Apreté los puños.

—Lo sé.

—No —dijo ella—. No sabes dónde.

Evelyn sacó una carpeta.

La dejó sobre una mesa.

Dentro había fotografías, documentos médicos y transferencias bancarias.

—Tu padre fingió su muerte porque estaba siendo investigado por fraude financiero.

—¿Fraude?

—Durante años utilizó empresas de Prescott Technologies para mover dinero a través de compañías privadas.

Abrí uno de los documentos.

Había transferencias por millones.

—¿Y qué tiene eso que ver con Cassandra?

—Tu padre descubrió que Cassandra había visto documentos que no debía ver.

Cassandra dio un paso adelante.

—Yo trabajaba en el departamento financiero.

—Lo sé —respondió Evelyn.

—Yo pensé que me habían despedido por reducción de personal.

—No fue así.

Cassandra palideció.

—¿Por qué?

—Porque descubriste una transferencia relacionada con Merritt Systems.

Miré los documentos.

—Merritt.

Evelyn asintió.

—Tu padre llevaba años preparando una operación para comprar el control de esa empresa.

Sentí que algo encajaba.

La adquisición que yo había perseguido durante nueve meses.

La misma empresa que mi padre conocía.

La misma empresa cuyo fundador aparecía junto a él en aquella fotografía.

—¿Los 780 millones?

—No son realmente 780 millones.

Fruncí el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—La valoración es de 780 millones. Pero una parte del dinero iba a terminar en cuentas controladas por tu padre.

Cassandra respiró profundamente.

—Entonces la adquisición era una trampa.

—Sí.

Miré a Evelyn.

—¿Y por qué no me lo dijiste?

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Porque tu padre me amenazó.

—¿Con qué?

—Con destruirte.

Me quedé inmóvil.

—¿A mí?

—Dijo que si hablaba, publicaría documentos falsos que te implicarían en sus operaciones.

Cassandra intervino.

—¿Y los niños?

Evelyn miró hacia ella.

—Los niños fueron el punto débil.

—¿Qué significa eso?

—Tu padre sabía que Damon te amaba.

Cassandra soltó una risa amarga.

—Eso ya no era cierto.

—Para él sí.

Evelyn señaló una fotografía.

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