El millonario que todos creían moribundo despertó en secreto y descubrió quién estaba intentando matarlo

—Los escuché.

Gonzalo parpadeó.

—Quieren matarte.

Un parpadeo.

Sí.

—Y saben que alguien puede estar sospechando.

Otro parpadeo.

Sí.

Mariana sintió miedo.

Pero esta vez no estaba paralizada.

Sacó el teléfono.

Había comenzado a grabar el audio en cuanto escuchó las voces.

No sabía si sería suficiente.

Pero era algo.

Gonzalo la miró.

Después movió lentamente un dedo hacia el teléfono.

Mariana comprendió.

—¿Quieres que llame a alguien?

Un parpadeo.

Sí.

—¿A la policía?

Dos parpadeos.

No.

—¿A un abogado?

Un parpadeo.

Sí.

Mariana buscó entre sus contactos.

Pero Gonzalo volvió a mover la mano.

Señaló hacia la caja fuerte.

Mariana siguió su mirada.

—¿La combinación?

Un parpadeo.

Sí.

Ella se acercó.

Gonzalo consiguió mover ligeramente los labios.

—Cumpleaños de mi madre.

Mariana probó la combinación.

La caja se abrió.

Dentro había documentos.

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