El millonario que todos creían moribundo despertó en secreto y descubrió quién estaba intentando matarlo

Mauricio se acercó.

—Y otra cosa.

—¿Sí?

—¿Gonzalo ha hecho algún movimiento?

Mariana entendió que no hablaba de movimientos normales.

Se refería a algo más.

—No.

Mauricio sostuvo su mirada durante varios segundos.

—Bien.

Se marchó.

Mariana esperó hasta escuchar la puerta del despacho cerrarse.

Entonces respiró.

Había estado a centímetros de ser descubierta.

Esa noche le contó todo a Gonzalo mediante preguntas de sí o no.

—¿Mauricio quiere tus empresas?

Un parpadeo.

Sí.

—¿Él sabe que estás consciente?

Dos parpadeos.

No.

—¿El doctor Barragán trabaja para él?

Un parpadeo.

Sí.

Mariana cerró los ojos.

Ahora tenía una teoría.

Pero necesitaba pruebas.

Y las pruebas aparecieron por accidente.

Una noche, Leo volvió a despertarse.

Mariana salió de la habitación para preparar un biberón.

Al pasar frente al despacho, escuchó voces.

Se detuvo.

La puerta estaba entreabierta.

Era Mauricio.

También estaba el doctor Barragán.

—¿Cuánto falta? —preguntó Mauricio.

—Depende de la respuesta del organismo.

—No puedo esperar meses.

—No serán meses.

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