El millonario que todos creían moribundo despertó en secreto y descubrió quién estaba intentando matarlo

Preparó una jeringa.

Mariana observó desde el otro lado de la habitación.

—¿Qué medicamento es?

El médico levantó la mirada.

—No necesitas saberlo.

La respuesta fue demasiado brusca.

—Solo preguntaba.

—Entonces deja de preguntar.

Barragán inyectó el medicamento en la vía intravenosa.

Diez minutos después, la respiración de Gonzalo cambió.

Sus dedos dejaron de moverse.

Su mandíbula quedó completamente inmóvil.

El monitor continuó registrando actividad.

Pero el hombre parecía todavía más ausente que antes.

—Se está apagando —dijo Barragán.

Mariana sintió un nudo en el estómago.

—¿Cuánto tiempo?

—Cinco días.

Guardó las ampollas dentro de su maletín.

No dejó ninguna en la habitación.

Después cerró la bolsa.

—Tal vez seis.

Mariana no respondió.

Esperó.

Cuando el médico salió, se acercó a la computadora de servicio.

Recordaba perfectamente el nombre escrito en la caja.

Lo buscó.

Leyó la descripción.

Volvió a leerla.

Y después sintió que las manos comenzaban a temblarle.

El medicamento podía producir una inmovilidad muscular profunda.

En determinadas condiciones podía afectar seriamente la respiración.

Mariana miró hacia la cama.

Gonzalo no estaba muriendo de la manera que todos creían.

Alguien podía estar manteniéndolo deliberadamente inmóvil.

La pregunta era quién.

Y, sobre todo, por qué.

Aquella noche Mariana tomó la mano de Gonzalo.

—No voy a dejar que lo maten.

El dedo índice del empresario se movió.

Una presión mínima apareció alrededor de su muñeca.

Como respuesta.

Mariana supo entonces que no podía limitarse a esperar.

Necesitaba pruebas.

Necesitaba entender qué estaba sucediendo.

Y necesitaba hacerlo sin que Mauricio o el doctor Barragán descubrieran que Gonzalo había recuperado parcialmente la conciencia.

Durante los días siguientes comenzó a observarlo todo.

Cada visita.

Cada medicamento.

Cada llamada.

Cada conversación que ocurría cerca de aquella habitación.

Descubrió que Mauricio hablaba por teléfono todas las noches.

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