El millonario que todos creían moribundo despertó en secreto y descubrió quién estaba intentando matarlo

No parecía preocupado.
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Parecía impaciente.

—¿Cómo sigue nuestro paciente?

Mariana bajó la mirada.

—Sin cambios.

Mauricio observó a su tío durante unos segundos.

—Mejor.

Después miró al bebé.
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—Si su hijo vuelve a llorar toda la noche, usted y el niño tendrán que buscar otro lugar.

Mariana apretó los labios.

Necesitaba aquel empleo.

No tenía ahorros suficientes.

Era madre soltera.

Y aquel trabajo era uno de los pocos que le permitían vivir con Leo dentro de la propiedad.

—No volverá a pasar.

Mauricio se marchó.

Mariana esperó hasta que los pasos desaparecieron.

Entonces miró a Gonzalo.

Sus ojos se abrieron.

—¿Él sabe?

Un parpadeo.

No.

—¿Sabe que puede comunicarse?

Dos parpadeos.

No.

Mariana respiró profundamente.

—Entonces nadie puede saber que despertó.

Gonzalo parpadeó una vez.

Sí.

Aquella respuesta cambió completamente la naturaleza de su trabajo.

Ya no estaba cuidando solamente a un hombre enfermo.

Estaba protegiendo a un hombre que podía estar en peligro.

Horas después llegó el doctor Rubén Barragán.

Era el médico responsable del tratamiento de Gonzalo.

Mariana ya lo había visto varias veces.

Siempre llegaba con un maletín de piel.

Siempre revisaba los monitores.

Siempre hablaba de la inevitable evolución de la enfermedad.

Pero aquel día hizo algo que llamó la atención de

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