Después miró a Mariana.
Y movió lentamente la mano hacia ella.
—Gracias.
Mariana sonrió.
—No me dé las gracias todavía.
Gonzalo frunció ligeramente el ceño.
—¿Por qué?
—Porque ahora tiene que vivir lo suficiente para arreglar todo lo que su familia rompió.
Por primera vez en mucho tiempo, Gonzalo sonrió.
Y mientras la policía sacaba a Mauricio de la casa, Mariana comprendió que aquella noche había cambiado dos vidas.
La de Gonzalo, porque había recuperado su libertad.
Y la de ella, porque la mujer que había aceptado aquel empleo únicamente para alimentar a su hijo acababa de descubrir que su valentía podía valer mucho más que cualquier salario.
Sin embargo, todavía quedaba una última pregunta.
¿Quién había ayudado a Mauricio?
Porque los documentos encontrados en la caja fuerte demostraban que el plan no había comenzado con el sobrino.
Alguien más había diseñado la estrategia.
Alguien que conocía los tratamientos.
Alguien que sabía cómo manipular los documentos.
Y alguien que llevaba meses preparando la muerte de Gonzalo.
Mauricio solo había sido la persona que esperaba cobrar la herencia.
La verdadera mente detrás del plan todavía estaba libre.
Y cuando Gonzalo abrió nuevamente los ojos y vio el nombre escrito en uno de los documentos recuperados, su expresión cambió por completo.
Porque reconoció aquella firma.
Y pertenecía a una persona que Mariana jamás habría imaginado.