Me llamaron estéril después de 8 años de relación, mi novio eligió a otra y su familia me humilló durante la boda. Yo no grité; guardé el informe médico y me marché. Cuando mi jefe dijo: “Mi hijo tiene el mismo problema, quizás debería casarse”, acepté conocerlo. Cinco meses después estaba embarazada de trillizos…

—Era improbable. Ningún imposible.

Valeria sintió que el pecho se le aflojaba por primera vez en días.

El doctor continuó:

—Y hay otro dato. Tu último análisis fue realizado antes de la fase que produjo la mejor respuesta en otros participantes. Debiste repetirlo seis semanas después.

Alejandro cerró los ojos.

Lo había cancelado porque ya no soportaba recibir malas noticias.

Dos días más tarde entregaron muestras para una prueba prenatal no invasiva de paternidad, realizada con sangre materna y ADN de Alejandro.

La espera resultó insoportable.

Valeria regresó a la Ciudad de México y se instaló temporalmente en casa de una compañera. No estaba dispuesta a volver con Alejandro solamente porque existía una posibilidad científica de que él fuera el padre.

Una cosa era demostrar la paternidad.

Otra muy distinta era reparar la confianza.

Alejandro comenzó a enviarle mensajes.

Sin excusas.

No súplicas.

Solo mensajes breves.

“Comiste algo?”

“Tu cita es mañana a las diez. Ya confirmé el transporte”.

“Sé que no quieres verme. Lo respeto”.

Valeria no respondía.

Cinco días después, Rafael la llamó.

—Llegaron los resultados.

Se reunio en el centro medico.

Alejandro estaba de pie junto a una ventana, pálido.

El genetista abrió el documento.

—Los marcadores analizados muestran compatibilidad de paternidad con Alejandro Alcázar.

Alejandro dejó de respirar.

—¿Los tres?

—El análisis indica que los tres fetos comparten los marcadores paternos correspondientes. Si.

La carpeta cayó de las manos de Alejandro.

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