—Se llama Daniela —dijo, abrochándose la camisa—. Tiene dieciocho.
Sentí que el piso se me abría.
—¿Dejaste a tu esposa y a tu hijo recién nacido por una niña? Segurosmédicos
Ricardo soltó una risa fría.
—No dramatices, Carmen. Tú ya estás grande. Yo todavía quiero vivir.
Me quedé muda.
Entonces miró hacia la cuna, donde Emiliano dormía ajeno a todo, y escupió la frase que me acompañaría quince años:
—Además, el hijo de una vieja como tú seguro ni va a dar una.
Dos días después, se fue.
No se llevó ropa de invierno, ni fotos, ni recuerdos.
Solo se llevó su apellido, su soberbia y la poca dignidad que le quedaba.
Yo me quedé con un bebé, una deuda y una rabia que no me cabía en el pecho.
Y cuando creí que ya no podía doler más, Daniela publicó una foto abrazada a Ricardo con la