La quinta me dejó helada.
Era una solicitud de préstamo empresarial.
Solicitante:
CLAIRE HALE.
—Yo nunca pedí esto.
—Lo sabemos.
—¿Cuánto?
—Novecientos mil dólares.
Me quedé mirando la cifra.
—¿Fue aprobado?
—No.
—¿Por qué?
La investigadora respondió:
—Porque alguien dentro de Greybridge lo bloqueó.
—¿Quién?
Me mostró un correo.
El remitente era desconocido.
Pero el mensaje decía:
“NO PROCESAR. CLAIRE NO SABE NADA.”
—¿Quién envió eso?
—Estamos intentando averiguarlo.
Aquella noche recibí un mensaje desde un número desconocido.
“No vuelvas sola a la casa hasta revisar el ático.”
Se lo enseñé a Nora.
—No vayas.
—Es mi casa.
—Precisamente.
Fuimos al día siguiente acompañadas por profesionales autorizados.
No encontramos nada peligroso.
Pero detrás de varias cajas antiguas había un archivador metálico.
No era mío.
Dentro aparecieron documentos de Harold.
Facturas.
Préstamos.
Contratos.
Y una carpeta con mi nombre.
CLAIRE.
Dentro había fotografías de mi casa tomadas antes de mi boda.
Planos.
Tasaciones.
Copias de registros públicos.
La familia Hale había investigado mi propiedad antes de que Ethan y yo nos casáramos.
Sentí que se me cerraba el estómago.
—Esto empezó antes de nuestro matrimonio.
Nora no respondió.
Sacó otra hoja.
Era un correo impreso entre Harold y Gregory Mills.
Fecha: tres semanas antes de mi boda.