es entre tu madre y yo.
—Eso significa sí.
Después me miró.
—¿Tú?
—Come.
—Eso significa quizá.
—Leo.
—Solo digo.
Se metió un trozo de brócoli en la boca.
—Cuando tenía ocho años pensé que quería que mi padre apareciera.
Ahora apareció.
Después pensé que sería genial que estuvieran juntos.
Pero ya no soy un bebé.
Se encogió de hombros.
—Si no quieren, no importa.
Nosotros nos miramos.
—Lo importante —continuó— es que no hagan cosas raras solo por mí.
Ethan casi sonrió.
—¿Cosas raras?
—Sí.
Como casarse y después odiarse.
Silencio.
Nuestro hijo tenía más inteligencia emocional que nosotros a su edad multiplicados por dos.
—Entendido —dije.
Leo siguió cenando.
Tema cerrado.
Ethan no volvió a mencionar una reconciliación durante casi un año.
Eso importó.
No utilizó a Leo.
No utilizó nostalgia.
No apareció con flores.
Simplemente estuvo.
Graduaciones.
Reuniones.
Dentista.
Partidos.
Fiebre.
Vacaciones separadas.
Cumpleaños compartidos.
Aprendimos a