niño resolvía en treinta segundos.
La familia Sullivan fue otra historia.
La madre de Ethan, Margaret, descubrió la existencia de Leo y quiso conocerlo inmediatamente.
No me gustó.
Ella nunca me había tratado mal durante el matrimonio.
Pero tampoco bien.
Para Margaret yo había sido una esposa adecuada hasta que Vanessa volvió.
Después había defendido a su hijo con la frase:
—Los sentimientos no se pueden controlar.
Yo había aprendido que los sentimientos quizá no.
Las acciones sí.
—Leo no irá a ninguna reunión familiar hasta que él quiera —dije.
Ethan asintió.
Margaret no.
—Es mi nieto.
—No la conoce.
—Precisamente.
—Margaret.
Me miró.
—Tú lo escondiste.
Ahí estaba.
Ethan intervino.
—Mamá.
—¿Qué? ¿Todos vamos a fingir que no ocurrió?
—No delante de Leo.
—No está aquí.
—Entonces escúchame.
La voz de Ethan se volvió fría.
—No vuelvas a hablarle así.
Margaret quedó inmóvil.
Yo también.
Durante nuestro matrimonio Ethan