algo mío.
Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas.
—Ya tiene tu cara. ¿No basta?
Silencio.
Ethan palideció.
Me arrepentí inmediatamente.
—Eso fue…
—Cruel.
—Sí.
Leo estaba en su habitación.
Por suerte no escuchó.
—Lo siento.
Ethan respiró.
—No quiero quitarle Bennett.
—Entonces…
—Pensé en Bennett-Sullivan.
—Pregúntale a él.
—Eso intentaba decir.
Me quedé callada.
—Laura, no estoy intentando reemplazarte.
—Lo sé.
—¿De verdad?
No respondí.
Ethan me miró.
—Nunca podré recuperar los años que tú lo criaste sola.
Tampoco quiero fingir que puedo.
—Entonces ¿qué quieres?
—Construir lo que quede.
Su voz bajó.
—Sin quitarte nada.
La rabia desapareció.
—Bien.
Preguntamos a Leo.
Su respuesta fue inmediata.
—No.
Ethan parpadeó.
—¿No?
—Soy Leo Bennett.
—De acuerdo.
—Pero…
Leo lo pensó.
—Podría poner Sullivan como segundo apellido cuando sea mayor si me apetece.
Ethan sonrió.
—Trato hecho.
Fin del problema.
Los adultos tardábamos meses en discutir cosas que un