Me divorcié embarazada de tres meses; diez años después, mi exmarido entregó un premio a su propio hijo sin saber quién era

ojos bajaron hacia Leo, que conversaba con otro niño.

 

Después hacia Ethan.

Y finalmente regresaron a mí.

Comprendió.

—Así que es verdad.

Mi cuerpo se tensó.

—¿Qué?

—Ethan tiene un hijo.

—No sabía que fuera asunto público.

—En ciertos círculos, todo termina sabiéndose.

Sonrió.

—Se parece muchísimo.

No respondí.

—¿Cuántos años?

—Vanessa.

—Solo pregunto.

—No somos amigas.

Su sonrisa se endureció.

—Nunca lo fuimos.

—Exacto.

Intenté marcharme.

—Yo no destruí tu matrimonio.

Me detuve.

No quería aquella conversación.

Pero después de diez años quizá la necesitaba.

—Nunca dije que lo hicieras.

Vanessa pareció sorprendida.

—Ethan lo hizo.

—Él tomó decisiones.

Tú también.

Yo también.

—Entonces no me odias.

La miré.

—Hace mucho que no dedico energía a odiarte.

Eso pareció molestarla más.

—Ethan y yo nunca nos casamos.

—Lo sé.

—¿Sabes por qué?

—No.

—Porque a los seis meses me di cuenta de que estaba enamorado de ti.

Mi corazón

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