—Trae un documento con su firma.
Gabriel frunció el ceño.
—Eso es imposible.
—Lo sé —respondió Elena—. Porque jamás firmé eso.
El contador respiró profundamente.
—Hay otro problema.
—¿Cuál?
—La firma parece auténtica.
Elena miró nuevamente la carta de Arturo.
Entonces comprendió la verdadera razón de aquella advertencia.
No se trataba solamente de recuperar el dinero.
Alguien había estado preparando una falsificación mucho antes del funeral.
Y si quería salvar la empresa, tendría que descubrir quién.
Esa noche Elena regresó a Muebles Salgado acompañada por Gabriel.
Los veintiséis trabajadores estaban reunidos en el patio.
Mauricio salió del edificio.
—¿Qué haces aquí?
Elena lo miró sin levantar la voz.
—Vengo a recuperar lo que nunca dejé de ser.
Mauricio soltó una risa nerviosa.
—Mamá, ya no tienes autoridad.
Gabriel dio un paso adelante.
—Eso lo determinará un juez.
La expresión de Mauricio cambió.
Pero Elena todavía no sabía que, en ese momento, alguien dentro de la fábrica estaba escuchando detrás de una puerta.
Y esa persona tenía la pieza que faltaba.
La prueba que podía demostrar quién había falsificado su firma.
Y cuando Elena descubrió su identidad…
se dio cuenta de que el enemigo había estado sentado a la mesa de su propia casa durante años.
La persona que salió de aquella oficina era Teresa, la antigua secretaria de Arturo.
Tenía sesenta años y llevaba más de veinte trabajando en Muebles Salgado.
En sus manos llevaba una carpeta azul.
—Doña Elena —dijo con voz temblorosa—, necesito contarle algo antes de que sea demasiado tarde.
Mauricio palideció.
—Teresa, vuelve a tu puesto.
Ella no se movió.
—Ya no trabajo para usted.
Elena abrió la carpeta.
Dentro había copias de correos electrónicos, recibos y una serie de mensajes impresos.
Teresa había descubierto que, durante meses, Mauricio había utilizado una computadora de la oficina administrativa para preparar documentos en nombre de su padre.
Pero había algo todavía más grave.
—La firma de su supuesto documento de renuncia no la falsificó Mauricio —explicó Teresa—. Él solo entregó los archivos.
Elena levantó la mirada.