PARTE 2: La orden que mi hermano nunca vio venir

Creí que aquella era la peor verdad que descubriríamos.

Me equivocaba.

A la mañana siguiente, un investigador financiero llegó con los primeros resultados.

Extendió varios documentos sobre mi escritorio.

—Encontramos la venta de la cabaña, las retiradas de las cuentas y el nuevo testamento.

—¿Cuánto falta?

—Más de dos millones.

Cerré los ojos.

—¿Dónde está?

—Parte terminó en cuentas relacionadas con Chloe.

Deslizó otro documento hacia mí.

—Pero encontramos algo mucho más preocupante.

Era una solicitud para modificar el fideicomiso de mi madre.

Mi supuesta firma aparecía en la última página.

—Esto es falso.

—Lo sabemos.

Miré la fecha.

Tres meses atrás.

—Julian falsificó mi firma.

El investigador negó lentamente.

—No.

Levanté los ojos.

—¿Cómo que no?

—Tenemos registros del dispositivo utilizado para presentar la solicitud.

Colocó una fotografía sobre la mesa.

Era una captura de una cámara de seguridad bancaria.

Chloe aparecía entregando los documentos.

Pero no estaba sola.

Junto a ella había una mujer.

Sentí que dejaba de respirar.

Conocía aquel rostro.

La había visto cientos de veces en fotografías familiares.

—Eso es imposible.

El investigador permaneció callado.

Volví a mirar la imagen.

La mujer que acompañaba a Chloe era la persona cuya muerte había cambiado toda mi vida veinte años atrás.

 

Mi madre.

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