Daniel negó lentamente.
—Eso no puede ser.
—Encontré los documentos ayer.
Su madre y su hermana habían aparecido esa mañana.
Primero intentaron convencerla de retirar la denuncia.
Después exigieron que firmara una declaración diciendo que ella misma había autorizado el préstamo.
Cuando Laura se negó, la discusión escaló.
—¿Y el vendaje? —pregunté.
Laura respiró con dificultad.
—Tuve una intervención médica menor esta mañana. Ellas lo sabían.
Apreté los puños, pero no dije nada.
Aquello ya no necesitaba otra confrontación.
Necesitaba policía.
Daniel fue quien llamó.
Esa noche entregamos declaraciones, fotografías y los documentos que Laura había conservado.
Entonces apareció el primer problema.
La empresa receptora no pertenecía legalmente a la hermana de Daniel.
Ella figuraba únicamente como administradora.
La propietaria era una sociedad llamada Northbridge Family Holdings.
Daniel reconoció inmediatamente el nombre.
—Mi padre creó Northbridge.
Su padre llevaba seis años muerto.
La detective abrió el registro mercantil.
Northbridge había sido reactivada hacía nueve meses.
—¿Quién podía hacerlo? —pregunté.
Daniel palideció.
—Mi madre tenía acceso a los documentos de papá.
Pero la detective negó.
—La reactivación requiere otra autorización.
Giró la pantalla.
La firma pertenecía a Daniel.
Él se quedó inmóvil.
—Yo jamás firmé eso.
La detective lo observó.
—Entonces tenemos al menos dos posibles falsificaciones.
La de Laura.
Y la de su marido.
A la mañana siguiente apareció un abogado.
No representaba a la suegra.
Tampoco a su hija.
Representaba a Northbridge.
Traía una copia del contrato original de constitución.
Daniel lo leyó primero.
Después me lo entregó.
Su padre había creado la empresa doce años atrás junto con un segundo socio.
El nombre me dejó helado.
Era el de nuestro padre.
Laura levantó la cabeza.
—Eso es imposible. Papá nunca habló de Northbridge.
El abogado dejó una llave bancaria sobre la mesa.
—Precisamente por eso estoy aquí.
Nuestro padre había dejado instrucciones para que aquella llave fuera entregada a Laura si alguien intentaba utilizar su apartamento como garantía.
Daniel miró a su esposa.
—¿Por qué tu padre sabía que esto podía pasar?
El abogado respondió: