—No he dicho eso.
—Has dicho que no sabías cómo se la administrarían.
Álvaro se levantó.
—Me voy.
—Si sales ahora, no volveré a darte una oportunidad para contarme tu versión.
Se quedó quieto.
El orgullo pudo más que la prudencia.
Volvió a sentarse.
—Mi madre dijo que solo dormiría.
—Mateo casi deja de respirar.
—Eso no era lo acordado.
Otra grieta.
Lucía sintió ganas de levantarse y golpearlo.
En lugar de hacerlo, preguntó:
—¿Qué habíais acordado?
Álvaro se tapó la cara con ambas manos.
—Tú no entiendes la presión que tenía.
—Explícamela.
—Iba a perderlo todo.
—¿Y qué tenía que ver nuestro hijo?
—Necesitábamos una situación excepcional. Algo que paralizara todo. Tú nunca habrías firmado nada sabiendo que la empresa estaba hundida.
—Así que ibais a enfermar a Mateo.
—No tenía que pasarle nada definitivo.
—¿Y la cámara?
Silencio.
—Álvaro.
—La grabación tenía que demostrar que estabas dormida.
—Para culparme.
—Solo temporalmente.
Lucía lo miró sin comprender cómo había podido compartir cama con aquel hombre.
—¿Temporalmente?
—Necesitaba margen para mover activos.
—Utilizaste a tu hijo.
—¡Lo hice por todos!
Varias personas de la cafetería giraron la cabeza.
Álvaro bajó la voz.
—Tú no sabes lo que es recibir llamadas a las 3 de la madrugada diciendo que van a ir a por ti.
—¿Y decidiste que podían ir a por un bebé de 1 año?
—Mi madre dijo que estaría controlado.
—Tu madre consiguió la sustancia.
Álvaro guardó silencio.
—¿Sí o no?
—Sí.
—¿Y tú pusiste la cámara?
Otro silencio.
—Sí.
Lucía notó que le temblaban las manos debajo de la mesa.
—¿Quién le hizo la punción a Mateo?
Álvaro la miró.
Por primera vez parecía avergonzado.
—Yo.
Lucía sintió una náusea seca.
Había imaginado muchas respuestas.
Ninguna dolía como aquella.
—Era tu hijo.
—Lo sé.
—Tenía 1 año.
—¡Lo sé!
—Entonces dime qué pensaste mientras lo hacías.
Álvaro comenzó a llorar.
—Pensé que solo se dormiría. Mi madre dijo que después podríamos llamar a una ambulancia, que todo parecería una reacción inesperada y que tú estarías dormida. Yo bajaría con los invitados. Nadie podría relacionarme con nada.
—¿Y si no despertaba?
Álvaro cerró los ojos.
—No quería pensar en eso.
—Pero lo sabías.
No contestó.