PARTE 2: EL PRECIO DE HABERME DEJADO SOLA

Gideon tomó el teléfono de la mesa y deslizó la pantalla.

Era la captura del mensaje que Rowan me había enviado.

“Deja de ser tan dramática.”

La habitación quedó en silencio.

—¿Sabes qué es interesante? —continuó papá—. Durante años pensé que el mayor error de mi vida fue estar demasiado ocupado para mi hija.

Rowan no dijo nada.

—Pero ahora entiendo que cometí otro error.

Gideon miró a Leo.

—Pensé que el hombre que ella eligiera la cuidaría mejor que yo.

Sus ojos volvieron a Rowan.

—Me equivoqué.

Rowan apretó la mandíbula.

—Señor Sterling, esto fue un malentendido.

Casi me reí.

Un malentendido.

Así llamaba él a dejarme sola durante el nacimiento de nuestro hijo.

—¿Un malentendido? —pregunté.

Rowan me miró.

—Phoebe, sabes cómo es mi madre. Era su cumpleaños. No podía simplemente irme.

—Pero sí podías dejarme a mí.

Silencio.

—Sí podías ignorar mis llamadas.

—Sí podías decirme que tomara un taxi mientras estabas celebrando.

Su rostro cambió.

Por primera vez parecía escuchar sus propias palabras desde afuera.

Pero yo ya no necesitaba que entendiera.

Porque durante tres días había aprendido algo.

El dolor del parto desaparecía.

El cansancio desaparecía.

Pero descubrir que la persona que debía estar contigo decidió no estarlo…

eso quedaba.

Papá tomó a Leo en brazos y se levantó.

—Hay algo más que debes saber, Rowan.

El tono hizo que incluso yo levantara la mirada.

—¿Qué?

Gideon sacó una carpeta del bolso que había dejado junto a la silla.

La puso sobre la mesa.

Rowan la miró confundido.

—¿Qué es eso?

—Un informe.

—¿De qué?

Papá no respondió.

Yo sí.

—De tus cuentas.

El rostro de Rowan cambió.

Durante meses había notado cosas extrañas.

Facturas que no reconocía.

Transferencias ocultas.

Cargos que desaparecían de nuestras cuentas familiares.

Siempre preguntaba.

Y siempre recibía la misma respuesta.

“Son asuntos de la empresa.”

Pero después de aquella noche, mientras yo estaba en recuperación, mi padre no investigó mi dolor.

Investigó todo lo que me rodeaba.

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