PARTE 2: EL SECRETO DETRÁS DEL VESTIDO CARMESÍ

—No fue el vestido.

—Entonces, ¿qué fue?

Me acerqué a la ventana.

—Que por primera vez me viste.

Permaneció en silencio.

Luego colocó una mano sobre la mía.

—No.

Me miró.

—Por primera vez me permitiste verte a ti.

Y tenía razón.

Porque durante mucho tiempo pensé que mi valor estaba en cuidar a otros.

En permanecer invisible.

En no ocupar espacio.

Pero aquella noche aprendí algo.

A veces la persona que todos ignoran es precisamente quien puede cambiarlo todo.

El vestido carmesí no me convirtió en alguien diferente.

Solo mostró lo que siempre había estado ahí.

Y Damian Cross, el hombre que todos temían en Boston, fue la primera persona que finalmente lo vio.

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