Jessi lo miró directamente.
—Eso es lo que todos creen.
En ese instante, el teléfono de Jessi vibró.
Un mensaje desconocido apareció en la pantalla:
“Sabemos que Iván entró en la oficina. Si quieres que Fiona siga a salvo, despídelo antes de esta noche.”

Iván sintió que se le helaba la sangre.
Jessi levantó la mirada.
—Ahora entiendes por qué no te ofrecí simplemente un trabajo.
Y por primera vez, los 85.000 dólares sobre la mesa dejaron de parecer un regalo.
Parecían el primer pago de una guerra que acababa de comenzar.