Con 3 bebés.
Con los labios partidos por el frío y las manos todavía encima de sus hijos, protegiéndolos incluso en sueños.
—¿Qué hiciste? —preguntó Santiago, con la voz ronca.
Doña Carmen lloraba sin dignidad, sin ese orgullo de señora rica que siempre usó como armadura.
—Ella fue a buscarte muchas veces.
-No.
—Fue a tu oficina en Santa Fe.
—No digas eso.
—Te dejé cartas. Te llamé. Me mandó mensajes. Me dijo que estaba embarazada.
Santiago apretó los puños.
—¿Y tú qué hiciste?
—Le dije que te dejara en paz.
Él soltó una risa amarga, sin humor.
—¿Le dijiste?
Doña Carmen cerró los ojos.
—Le ofrecí dinero.
Santiago se quedó inmóvil.
—¿Cuánto?
—500 mil pesos.
La cara de Santiago cambió.—Neta estás enferma.