A veces le parecía que el bebé se daba la vuelta o se movía. Esto ocurría sobre todo por las tardes.
Según sus cálculos, ya estaba en el octavo mes, así que una mañana por fin pidió cita para una ecografía. Quería saber si todo iba bien antes del parto.
En la consulta, el médico no notó nada extraño al principio. Ante él yacía una mujer con un vientre enorme que hablaba de su embarazo con total tranquilidad.
— ¿Octavo mes? —preguntó.
— Sí. Ya queda muy poco —sonrió la mujer.
El médico encendió el aparato y preparó el transductor.
— Vamos a ver cómo está su bebé.
Sonrió, aplicó gel frío en el vientre de la mujer y comenzó la exploración. Los primeros segundos, el médico miró la pantalla con tranquilidad. De repente, su mano se detuvo. La sonrisa desapareció de su rostro.
Desplazó lentamente el transductor hacia otro lado, ajustó algo en el aparato y volvió a mirar atentamente la pantalla.
La mujer notó el cambio en su expresión.
— ¿Ocurre algo? —preguntó preocupada.
El médico no respondió. Pasó el transductor varias veces más por el vientre, como si esperara ver algo distinto. Luego amplió la imagen.Sus ojos se abrieron de par en par.
— Señora… ¿por qué cree que está embarazada? 😱🤯
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Al principio, la mujer pensó que había oído mal.
— ¿Cómo? —sonrió nerviosamente—. Míreme. Estoy en el octavo mes.
— Lo entiendo, pero ¿quién le confirmó el embarazo?
Ahora la mujer empezó a preocuparse de verdad.
— Me hice pruebas. Varias. Todas dieron positivo. Me vino la regla, tengo náuseas, he engordado. Y mi vientre ha ido creciendo todos estos meses. Incluso noto movimientos.
El médico suspiró profundamente y dejó el transductor.