Owen sonrió.
—¿Entonces tenemos un acuerdo?
—Casi.
La puerta de la sala se abrió.
Owen giró la cabeza.
Y dejó de respirar.
La mujer que entró llevaba un traje azul oscuro, el cabello recogido y una carpeta delgada bajo el brazo.
No llevaba maquillaje llamativo.
No llevaba joyas.
No necesitaba ninguna.
Porque Owen la reconoció inmediatamente.
Cass.
Su esposa.
O, técnicamente, la mujer a la que había abofeteado menos de cuarenta y ocho horas antes.
Ella caminó hasta la cabecera de la mesa.
Se sentó.
Abrió la carpeta.
Y dijo:
—Buenos días, señor Price.
Owen se levantó de golpe.
—¿Qué haces aquí?
Nadie respondió.
Cass levantó los ojos hacia él.
—Creo que la pregunta correcta es otra.
Hizo una pausa.
—¿Qué haces tú aquí?
Owen palideció.
—¿Tú eres…?
Ella no sonrió.
—Cassandra Monroe.
El silencio fue absoluto.
Uno de los abogados de Owen murmuró:
—Dios mío.
Owen negó lentamente con la cabeza.
—No.
Cass sostuvo su mirada.
—Sí.
—Tú me dijiste que trabajabas en nómina.
—Trabajo en nómina.
—Que vivías en un apartamento pequeño.
—Vivía allí.
—Que tenías un Honda viejo.
—Todavía lo tengo.
Owen soltó una risa nerviosa.
—Esto es una broma.
—No.
Cass colocó una copia de un documento sobre la mesa.
—Monroe Capital pertenece a Monroe Holdings.
Después colocó otro.
—Y Monroe Holdings pertenece mayoritariamente a un fideicomiso familiar que controlo desde que cumplí veinticinco años.
Owen miró los papeles.
Después la miró a ella.
—¿Cuánto dinero tienes?
Cass respiró profundamente.
—Esa es la primera pregunta que me haces.
Owen se quedó callado.
—Ni siquiera preguntas por qué estoy aquí —continuó ella—. Ni preguntas cómo estoy. Ni preguntas si estoy bien.
Su voz no tembló.
—Solo quieres saber cuánto tengo.
Owen bajó la mirada.
Por primera vez desde que la conocía, no tenía una respuesta preparada.
Capítulo 2 — El expediente
Cass abrió una segunda carpeta.
—Antes de continuar con esta reunión, quiero aclarar algo.
Owen tragó saliva.
—No hice que esta inversión desapareciera para castigarte.
—¿Entonces por qué estás aquí?
—Porque Price Dynamics necesita capital y porque mi equipo considera que la empresa puede ser rentable.
Owen frunció el ceño.
—¿Entonces todavía quieres invertir?
—Quería hacerlo antes de nuestra boda.