—Y las que todavía caminan… ya no son ellas.
Después perdió el conocimiento.
Fonseca llamó inmediatamente a emergencias.
Pero antes de poder terminar la llamada, escucharon pasos en el pasillo.
Muchos pasos.
Lentos.
Coordinados.
Camilo miró hacia la puerta.
—Doctor…
Los pasos se detuvieron.
Tres golpes resonaron al otro lado.
Toc.
Toc.
Toc.
Fonseca miró el reloj.
Habían pasado exactamente dos horas desde que descubrieron el mensaje.
Y entonces alguien habló desde el otro lado de la puerta.
—Doctor Fonseca…
Era una voz masculina.
—Venimos por nuestras hermanas.
Fonseca miró a Camilo.
Después miró a los tres cuerpos.
Y finalmente volvió los ojos hacia la puerta.
La voz continuó: