Después las fotografías de los documentos.
—Una empresa a tu nombre.
Mauricio palideció.
—¿Quién te dio eso?
Daniela sonrió.
—Así que sí es verdad.
Él no respondió.
—Eso pensé.
Mauricio miró a sus padres.
—Mamá, papá, vámonos.
Su madre se aferró al brazo de Daniela.
—No.
Fue la primera vez que su madre se negó a obedecerlo.
Mauricio se quedó inmóvil.
Entonces Daniela recibió otro mensaje.
Esta vez venía del número desconocido.
**“Revise el expediente de la propiedad. Página 17.”**
Abrió el archivo.
Página 17.
Había una transferencia.
Pero no era de dinero.
Era una autorización.
La firma de su padre.
Y junto a ella aparecía una anotación:
**“Beneficiario final: Daniela Márquez.”**
Daniela levantó lentamente la mirada.
—¿Qué significa esto?
Su padre comenzó a llorar.
—Tu madre y yo nunca quisimos venderte la casa.
—¿Entonces?
—Tu madre estaba enferma. Pensábamos que no sobreviviría mucho tiempo.
Daniela miró a su madre.
—¿Qué?
Su madre le tomó la mano.
—Tu hermano nos dijo que estabas arruinada. Nos hizo creer que necesitabas el dinero para salir de España.
Daniela negó con la cabeza.
—Nunca estuve arruinada.
—Lo sabemos ahora.
Su padre respiró profundamente.
—Pero hay algo que Mauricio nunca te contó.
Todos miraron al hermano.
Él no dijo nada.
—Hace seis meses —continuó el padre— descubrimos que había falsificado algunos documentos.
Mauricio cerró los ojos.
—Papá…
—Y por eso le pedimos que nos devolviera el dinero.
Daniela miró a su hermano.
—¿Qué dinero?
Su padre señaló la camioneta.
—El dinero que recibimos por la venta de la casa.
Daniela comprendió.
—¿No lo tienen?
Su madre negó con la cabeza.
—Mauricio lo retiró.
Silencio.
—¿Cuánto?