El doctor suspiró.
—Creo que ha llegado el momento de que ella lo sepa.
Y entonces colocó sobre el escritorio un último documento.
Era una carta.
La letra era de Miguel.
La fecha era de hacía dieciocho años.
Rosa comenzó a leer.
Y después de la primera línea…
se quedó completamente paralizada.
—
# PARTE 3 — LA CARTA QUE CAMBIÓ 18 AÑOS DE MATRIMONIO
La carta comenzaba así:
**“Rosa:**
**Si algún día estás leyendo esto, significa que ya no pude seguir escondiéndote la verdad.”**
Rosa tuvo que detenerse.
Las lágrimas le nublaban la vista.
Continuó.
**“Antes de juzgarme, quiero que sepas algo. El día que descubrí que estabas con otro hombre, yo ya sabía que estaba enfermo.”**
Rosa levantó la mirada.
Miguel lloraba en silencio.
**“El doctor me dijo que mi enfermedad podía empeorar y que debía prepararme para una vida diferente. Esa misma noche llegué a casa dispuesto a contártelo.”**
Rosa apretó la carta entre sus manos.
**“Pero encontré tu teléfono.”**
Silencio.
**“Leí los mensajes.”**
Rosa cerró los ojos.
Recordó aquella época.
Recordó a Rubén.
Recordó sus mentiras.
Y sintió vergüenza otra vez.
Pero siguió leyendo.
**“No voy a justificar lo que hiciste. Me destruyó. Pero tampoco quería destruirte a ti.”**
**“Por eso puse la almohada.”**
Rosa soltó un sollozo.
**“Quería que pensaras que te estaba castigando.”**
**“La verdad era que tenía miedo de que, si te acercabas demasiado, descubrieras que algo estaba mal conmigo.”**
La carta continuaba.
**“Y también tenía miedo de que algún día te arrepintieras de haberme elegido.”**
Rosa levantó la vista.
—Miguel…
Él no respondió.
Ella siguió leyendo.
**“Nunca le conté a nadie toda la verdad. Ni siquiera a nuestros hijos.”**
**“Pero hay algo que sí hice.”**
La siguiente línea estaba subrayada.
**“Protegí la casa.”**
Rosa dejó caer la carta.
—¿La casa?
El doctor asintió.
—La propiedad está a nombre de ambos desde hace años. Miguel hizo cambios legales para asegurarse de que nadie pudiera quitársela a la familia.
Rosa miró a su esposo.
—¿Por qué?
Miguel respondió:
—Porque aunque me lastimaste… nunca dejé de querer que estuvieras segura.
Rosa lloró.