—No eres más que una simple recluta.
Ni una palabra.
—Ahora, sin ese hermoso cabello, por fin pareces una auténtica soldado y no una niña consentida.
Un incómodo murmullo recorrió nuevamente las filas. Muchos soldados bajaron la mirada, incapaces de ocultar su incomodidad.
Pero el coronel aún no había terminado.
—Tienes un concepto demasiado alto de ti misma. No olvides nunca cuál es tu lugar.
El coronel estaba convencido de que tenía derecho a humillar a una persona inocente. Sin embargo, lo que Ana hizo inmediatamente después dejó completamente atónita a toda la compañía.
Haz clic en SIGUIENTE abajo para leer la siguiente PARTEAna giró lentamente la cabeza.
Por primera vez desde que todo había comenzado, miró al coronel directamente a los ojos.
En su rostro no había rastro de miedo ni de ira.
Solo una serenidad helada.
Entonces habló:
—Puede cortarme el cabello, pero jamás podrá quitarme la dignidad.
Vorónov arqueó una ceja con una sonrisa burlona.
—¿Y qué piensas hacer al respecto?
Lo que ocurrió a continuación fue tan rápido que muchos de los presentes tardaron varios segundos en comprender lo que acababan de presenciar.
De repente, el coronel la sujetó con fuerza del hombro, intentando empujarla de nuevo hacia la formación.
Pero Ana llevaba años entrenándose intensamente en defensa personal militar y técnicas de combate.
En una fracción de segundo bloqueó su brazo, giró sobre sí misma y, con un movimiento preciso y perfectamente controlado, utilizó la fuerza del propio coronel en su contra.