Volví antes de lo previsto después de mi turno nocturno y encontré a mi hijo de 5 años durmiendo en el frío suelo de la cocina. Cuando lo cogí en brazos, me susurró: “Mamá, ya no quiero jugar al juego de papá”. Entonces levanté la vista hacia la planta de arriba… y entendí por qué mi marido no había bajado en toda la noche.

“Quédate aquí, campeón. Es nuestro juego secreto. No subas hasta que yo venga.”

Después se veía a Daniela entrar.

Mauricio subía con ella.

La puerta se cerraba.

A las 2:46 de la mañana, Mateo aparecía descalzo en el pasillo buscando agua.

A las 4:12 seguía solo.

Daniela comenzó a llorar cuando vio el video.

“Voy a declarar.”

Verónica no respondió.

Lucía preparó una denuncia ante la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes y solicitó medidas urgentes ante el juzgado familiar.

Pero todavía necesitaban algo más.

“Escríbele”, dijo Verónica.

Daniela miró el teléfono.

“¿Qué le digo?”

“La verdad que él espera escuchar.”

Daniela escribió:

“Verónica está destrozada. Creo que se irá de la casa. ¿Qué hacemos si Mateo cuenta que se quedaba abajo?”

La respuesta llegó 2 minutos después.

Mauricio escribió:

“Está chico. Nadie va a tomar en serio lo que diga. Para eso tengo todos los horarios de Verónica.”

Luego envió otro mensaje.

“Cuando consiga la custodia, ya no tendremos que escondernos.”

Daniela dejó caer el teléfono sobre la mesa.

Lucía tomó una captura.

Verónica permaneció en silencio.

A las 2 de la tarde, Mauricio creía que su esposa regresaría sola, desesperada y lista para escuchar sus explicaciones.

No sabía quiénes iban a cruzar aquella puerta con ella.

Parte 3

A las 2:03 de la tarde, Mauricio estaba sentado frente a la isla de la cocina.

Había ordenado la casa.

Había preparado café.

Incluso se había cambiado de ropa.

Cuando escuchó la cerradura, se levantó y ensayó la expresión de preocupación que había utilizado tantas veces.

Verónica entró primero.

“Gracias a Dios”, dijo Mauricio. “¿Dónde estabas? ¿Dónde está Mateo?”

Ella no contestó.

Detrás apareció Lucía Herrera cargando una carpeta.

Después entró una funcionaria de la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes acompañada por una actuaria del juzgado y 2 agentes que debían garantizar el cumplimiento de una medida de protección.

Mauricio dejó de sonreír.

“¿Qué significa esto?”

La actuaria abrió un documento.

“Señor Mauricio Rivas, se le notifica una resolución provisional relacionada con la guarda y custodia de su hijo menor y una medida de protección que limita temporalmente su permanencia en este domicilio mientras se investiga una posible omisión de cuidados.”

Mauricio miró a Verónica.

“¿Qué hiciste?”

Lucía dejó la carpeta sobre la isla.

Exactamente junto al lugar desde donde se alcanzaba a ver el piso frío en el que Mateo había pasado tantas noches.

“Mi clienta protegió a su hijo.”

Mauricio soltó una carcajada nerviosa.

“Esto es absurdo. Verónica trabaja todo el tiempo. Yo cuido a Mateo. Pregúntenle a cualquiera. Ella puede pasar 12 horas en un hospital.”

Lucía abrió la carpeta.

“Precisamente por eso sus mensajes son interesantes.”

Mauricio palideció.

Sobre la mesa aparecieron impresiones de sus conversaciones con Daniela.

También estaban los mensajes enviados al abogado.

Los registros donde anotaba los turnos de Verónica.

Y finalmente la conversación de aquella misma mañana.

“Nadie va a tomar en serio lo que diga.”

Mauricio miró la hoja durante varios segundos.

“Eso está fuera de contexto.”

Lucía colocó una memoria sobre la mesa.

“Entonces veamos el contexto.”

La funcionaria reprodujo uno de los videos.

Mauricio apareció en la pantalla llevando a Mateo hacia la cocina.

Se escuchó perfectamente su voz:

“Quédate aquí, campeón. Es nuestro juego secreto.”