“Quédate aquí, campeón. Es nuestro juego secreto. No subas hasta que yo venga.”
Después se veía a Daniela entrar.
Mauricio subía con ella.
La puerta se cerraba.
A las 2:46 de la mañana, Mateo aparecía descalzo en el pasillo buscando agua.
A las 4:12 seguía solo.
Daniela comenzó a llorar cuando vio el video.
“Voy a declarar.”
Verónica no respondió.
Lucía preparó una denuncia ante la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes y solicitó medidas urgentes ante el juzgado familiar.
Pero todavía necesitaban algo más.
“Escríbele”, dijo Verónica.
Daniela miró el teléfono.
“¿Qué le digo?”
“La verdad que él espera escuchar.”
Daniela escribió:
“Verónica está destrozada. Creo que se irá de la casa. ¿Qué hacemos si Mateo cuenta que se quedaba abajo?”
La respuesta llegó 2 minutos después.
Mauricio escribió:
“Está chico. Nadie va a tomar en serio lo que diga. Para eso tengo todos los horarios de Verónica.”
Luego envió otro mensaje.
“Cuando consiga la custodia, ya no tendremos que escondernos.”
Daniela dejó caer el teléfono sobre la mesa.
Lucía tomó una captura.
Verónica permaneció en silencio.
A las 2 de la tarde, Mauricio creía que su esposa regresaría sola, desesperada y lista para escuchar sus explicaciones.
No sabía quiénes iban a cruzar aquella puerta con ella.